El TDA, es el trastorno de comportamiento que más se diagnostica en la infancia y se calcula que afecta de un 3% a un 5% de los niños en edad escolar, es decir que alrededor de 1.5 millones de niños en México sufren este padecimiento que se caracteriza principalmente por la falta de atención.
Las causas de este trastorno aun no están muy claras, se ha observado que existe predisposición familiar, además existen pruebas científicas que apoyan las conclusiones de que el TDA tiene una base biológica y que los niños con TDA pueden tener niveles más bajos del neurotransmisor dopamina en regiones críticas del cerebro. Otros estudios sugieren una disminución de la actividad en algunas áreas del cerebro en donde se manejan funciones de ejecución (como por ejemplo organización, integración, anticipación, atención, etc.).
¿CUÁLES SON LOS SÍNTOMAS?
Existen tres tipos de TDA, cada uno con síntomas diferentes: en el primero predomina la inatención; en el segundo predomina el aspecto hiperactivo-impulsivo y el tercero es una combinación de los anteriores.
En niños de edad escolar, los síntomas de desatención afectan las tareas en clase y el rendimiento académico (principalmente en matemáticas); si se presenta la hiperactividad en el niño, además de la desatención la conducta del menor será inquieta y parecerá que el niño es un motor en marcha. Cuando se presenta impulsividad esta se refleja en problemas para aceptar la disciplina escolar. En casos más complejos pueden presentarse conductas de franca agresividad.
En adolescentes y adultos los síntomas pueden variar, es probable que se manifiesten algunas de las siguientes conductas:
El tratamiento que ha probado tener un mayor nivel de efectividad es el que aborda el trastorno desde una perspectiva multidisciplinaria. En este enfoque intervienen tres profesionales (médico, psicólogo y educador), y los padres de familia.
El médico debe ser un especialista en neurología con experiencia en el manejo de TDA, generalmente estos especialistas le solicitan al paciente un electroencefalograma (EEG) para determinar con mayor precisión el diagnóstico y el tipo de medicamento que requiere el paciente.
Desde la perspectiva psicológica el enfoque terapéutico más adecuado es el Cognitivo-Conductual, este modelo de trabajo ha demostrado eficacia por el tipo de estrategias que maneja en su tratamiento, como son, premiar los cambios positivos de comportamiento y explicar claramente lo que se espera de las personas con TDA.
La participación de padres de familia y educadores en el tratamiento es muy necesaria debido a que el padecimiento afecta negativamente la autoestima del paciente (se siente menos apto), y por su impulsividad puede llegar a tener dificultades para establecer relaciones interpersonales (se siente rechazado); además las personas con TDA, suelen recibir menos halagos o menos recompensas que otros.
Los padres se preocupan mucho y se decepcionan cuando su hijo tiene problemas en la escuela. Hay muchas razones para el fracaso escolar, pero entre las más comunes se encuentra específicamente la de los problemas del aprendizaje. El niño con uno de estos problemas de aprendizaje suele ser muy inteligente y trata arduamente de seguir las instrucciones al pie de la letra, de concentrarse y de portarse bien en la escuela y en la casa. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, tiene mucha dificultad aprendiendo y no saca buenas notas. Algunos niños con problemas de aprendizaje no pueden estarse quietos o prestar atención en clase. Los problemas del aprendizaje afectan a un 15 por ciento de los niños de edad escolar.
La teoría es que los problemas del aprendizaje están causados por algún problema del sistema nervioso central que interfiere con la recepción, procesamiento o comunicación de la información. Algunos niños con problemas del aprendizaje son también hiperactivos, se distraen con facilidad y tienen una capacidad para prestar atención muy corta.
Los psicólogos de niños y adolescentes aseguramos que los problemas del aprendizaje se pueden tratar, pero si no se detectan y se les da tratamiento adecuado a edad temprana, sus efectos pueden ir aumentando y agravándose. Por ejemplo, un niño que no aprende a sumar en la escuela primaria no podrá aprender álgebra en la escuela secundaria. El niño, al esforzarse tanto por aprender, se frustra y desarrolla problemas emocionales, como el de perder la confianza en sí mismo con tantos fracasos. Algunos niños con problemas de aprendizaje se portan mal en la escuela porque prefieren que los crean "malos" a que los crean "estúpidos."
Los padres deben estar conscientes de las señales que indican la presencia de un problema de aprendizaje, si el niño:
Tales problemas merecen una evaluación comprensiva por un experto que pueda analizar todos los diferentes factores que afectan al niño. Un psiquiatra de niños y adolescentes puede ayudar a coordinar la evaluación y trabajar con profesionales de la escuela y otros expertos para llevar a cabo la evaluación y las pruebas escolásticas y así clarificar si existe un problema de aprendizaje.
Después de hablar con el niño y la familia, de evaluar la situación, de revisar las pruebas educativas y de consultar con la escuela, el psiquiatra de niños y adolescentes hará recomendaciones sobre dónde colocar al niño en la escuela, la necesidad de ayudas especiales, tales como terapia de educación especial o la terapia del habla y los pasos que deben seguir los padres para asistir al niño para lograr el máximo de su potencial de aprendizaje. Algunas veces se recomienda psicoterapia individual o de familia y algunas veces se recetan medicamentos para la hiperactividad o para la distracción. Es importante reforzar la confianza del niño en sí mismo, tan vital para un desarrollo saludable, y también ayudar a padres y a otros miembros de la familia a que entiendan y puedan hacer frente a las realidades de vivir con un niño con problemas de aprendizaje.
La característica de estos problemas es la dificultad de adquirir o usar el lenguaje. En los niños, se denominan trastornos en el desarrollo del lenguaje y su gravedad varía mucho de un niño a otro. En los adultos los trastornos del lenguaje son llamados afasias y suelen vincularse a daños cerebrales en el centro del lenguaje.
Los problemas del lenguaje se caracterizan por la dificultad para adquirir y usar el lenguaje hablado, escrito o leído. En los niños suelen ser debidos a problemas congénitos o infecciones. Mientras que en los adultos suele deberse a condiciones cerebrales como son: embolias cerebrales, hemorragias cerebrales, tumores cerebrales, etc.
En algunas ocasiones, niños que son sometidos a abusos o maltrato desarrollan problemas del lenguaje. Un entorno familiar armonioso, sin estrés, favorece un desarrollo normal del lenguaje.
La mejor medida que podemos tener en los niños es la prevención de estos problemas o su rápido tratamiento. Para ello:
Los niños que tienen algún grado de deficiencia auditiva, a veces debida a defectos congénitos o infecciones crónicas en el oído medio, no pueden oír lo suficiente para adquirir las palabras y sonidos de su lengua. En algunos casos las partes responsables del lenguaje maduran más tarde produciéndose un retraso en el lenguaje.
Los adultos, los problemas del leguaje aparecen cuando ocurre un daño cerebral a consecuencia de un traumatismo o enfermedad.
SIGNOS Y SÍNTOMAS Los principales síntomas presentados son:
La separación de los padres: facilitar la vida a los hijos Los niños de cualquier edad desean que sus padres permanezcan juntos por siempre y que reine el equilibrio conyugal. Pero la realidad no siempre es compatible con estos deseos. A cualquier edad el niño no es capaz de entender las implicaciones que conlleva un matrimonio desgraciado para la vida adulta.
Sabemos que la separación constituye un duro golpe para el niño quien interpreta la separación como un abandono o un rechazo. Es importante afrontar con realismo la situación pero no magnificar ni extremar las cosas.
Pero ¿sabe usted CÓMO INFLUYE LA SEPARACIÓN SEGÚN LA EDAD? Los niños de corta edad son los que más sufren. Observan que no todas las relaciones sociales son seguras y duraderas y lo aprenden de forma dolorosa. Después de la separación se pueden dar conductas en el niño que son expresión de su temor a ser abandonados.
El niño de 4 a 5 años se vuelve triste, mimoso y exigente. Tiene pesadillas y terrores nocturnos. No quiere quedarse solo en la habitación, tiene sueños negativos sobre sus padres. Puede negarse a ir al colegio y allí se mostrará muy inquieto.
En el niño de 6 a 10 años, además de la pena, se suma la rabia que suelen descargar culpando al progenitor que se ha quedado con la tutela.
Los adolescentes de 12 a 14 años ocultan el daño interior y la pena que sufren. Tienen un dolor latente del que se intentan evadir con el juego o los amigos. El mejor remedio es darles afecto y confianza sabiendo estar cerca de ellos. También permitirles tanto abrirse como estar callados. Algunos chicos responden con enfado a esta situación aunque la mayoría reconocen la infelicidad de los padres. También se preocupan de las necesidades económicas de la familia.
Hemos visto una serie de reacciones según la edad de los hijos pero generalizando resumiremos de modo general los siguientes EFECTOS:
Cuando cualquiera de estos síntomas se exagera de forma que dificulta la convivencia conviene buscar la ayuda profesional (médico, psicólogo, educador...) que nos vendrán a orientar en torno a determinadas PAUTAS de actuación ANTES Y DESPUÉS DE LA RUPTURA que resumimos en el siguiente cuadro:
Si el matrimonio va mal no se daña psicológicamente a los hijos manteniendo conductas y modales de respeto.
Evitar cualquier episodio de cólera o violencia en presencia de los hijos.
Un entorno familiar de agitación y lucha previo a la inminente separación tiene una influencia perniciosa.
No obligar a los hijos a tomar partido por uno u otro progenitor. Pueden sentirse verdaderamente desolados y desgraciados si presencian el odio, el desprecio y el insulto.
El hijo indefenso teme que su futuro sea tan desastroso como el de sus padres.
Quitarse de en medio o buscar un momento en que los hijos no estén presentes cuando se avecine la tormenta.
No menospreciar ni hablar mal del “ex” delante de los hijos. Mantener una actitud respetuosa hacia el “otro”.
La manifestación de amor a los hijos debe ser total para que ellos se convenzan de que el hecho de que sus padres se hayan separado porque es incompatible su convivencia no significa que vayan a carecer de amor y atenciones.
Si lo quieren de otro modo y siguiendo al psicólogo Rafael Centelles, resumiremos las pautas que suavizan la ruptura del siguiente modo:
La situación de ruptura supone unas CONSECUENCIAS EN LA VIDA ADULTA que según investigadores, se concretan en un mayor riesgo de padecer problemas psiquiátricos en los niños que sufrieron la separación de sus padres en la niñez que en los que vivieron en un hogar estable.
Sin embargo, a los hijos de hogares separados les suele ir mejor que a los de hogares aparentemente estables pero desgraciados, que no se han separado aunque existan gritos y actitudes de desprecio. El niño se culpa en parte a sí mismo de la ruptura de sus padres.
¿QUÉ CONDUCTAS HAN DE EVITAR EL PADRE Y LA MADRE CUANDO ACTÚAN POR SEPARADO DE SUS HIJOS? En este caso debemos seguir las siguientes consideraciones:
Utilizar a los hijos en beneficio propio o para perjudicar al contrario.
Permitir que los hijos se enganchen a un solo progenitor en una relación cerrada, dependiente y empobrecida.
Sabemos que la separación provoca la pérdida temporal de algunos puntos de referencia que mantienen seguros a los hijos. Después de un período de duelo, los niños consiguen aceptar, superar y elaborar la pérdida de la situación anterior. Los padres deben tener claro que deben continuar educando serenamente a los hijos, cada uno por separado.
Unido al problema de la separación conyugal y sus consecuencias en la familia está la posibilidad de crear un SEGUNDO MATRIMONIO. Esta situación también acarrea algunos PROBLEMAS que pasamos a analizar brevemente.
Cada uno de los miembros de estas familias necesita esforzarse y ajustarse a la nueva situación. Suelen llegar con creencias diferentes, lealtades divididas y distintos modos de hacer las cosas. Según Kay Widddwson se pueden crear estos vínculos de la siguiente manera:
No obstante, en caso de que alguno de los hijos manifieste alguno o algunos de los sentimientos siguientes deberíamos plantearnos consultar a un psiquiatra: retraimiento, división entre los padres o las familias, aislamiento, falta seguridad sobre lo correcto, incomodidad con algún miembro de la familia (original o nueva).
Para que las nuevas relaciones conyugales tengan buen inicio y desarrollo se necesitan buenas dosis de paciencia, comprensión y comunicación.
Aunque pueda parecer lo contrario, resulta beneficioso para los hijos que su padre o madre encuentren nueva pareja, pero nade debe sentirse presionado a querer inmediatamente a otros miembros. Tampoco hay que forzar a los pequeños a que acepten al nuevo cónyuge desde el primer día.
Los niños, inconscientemente, perciben a la nueva pareja como un rival e intentarán provocar y presionar. Pero tampoco olvidemos que estos cambios les hacen sufrir y les provocan inseguridad. Las decisiones importantes deben ser consensuadas por el padre y la madre aunque estén separados. Es conveniente diferenciar los roles de cada uno de los implicados y dejar elegir al niño el tipo de relación que desea.
Creemos conveniente incluir en estas líneas algunos CONSEJOS PRÁCTICOS PARA SEGUNDAS PAREJAS CON HIJOS:
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