La Infidelidad es el incumplimiento del compromiso de fidelidad.
Vale resaltar que, en su acepción más común, el termino fidelidad hace referencia al respeto mutuo entre los miembros de una pareja, en particular al respeto y cumplimiento de un pacto, explícito o implícito, de exclusividad. En este contexto, ser fiel significa pensar en la persona que tenemos a un lado, que cuando esa persona nos necesite, estemos ahí para ella, no ocultarle nada respecto de otras personas, sólo tener relaciones íntimas con la persona que hemos decidido mantener a nuestro lado, es decir, con nuestra pareja. La aplicación del concepto puede variar según nuestras concepciones, o según la orientación sexual y se puede hablar de fidelidad en la relación entre un hombre y una mujer, o entre dos hombres, o entre dos mujeres. Por tanto, en su acepción más común, la infidelidad es quebrar ese pacto tácito de mantener relaciones sexuales exclusivamente con la persona que hemos escogido libremente como pareja.
Existen dos tipos de infidelidad:
Estas son algunas causas del porque se da la infidelidad en la pareja:
Las conductas que muestra un hombre cuando esta siendo infiel, son más fáciles de detectar que en el caso de una mujer, porque él no es tan cuidadoso para mentir y muchas veces hasta se contradice.
Las conductas son los siguientes:
Signos para descubrir una infidelidad femenina:
Se genera cuando las relaciones intrafamiliares son afectadas por una comunicación incoherente, confusa e indirecta, debido a que el sistema familiar se enferma progresivamente. Esta disfunción se convierte en el estilo de vida familiar y produce en muchos casos, el aislamiento de la familia de los contactos sociales cotidianos. Las reglas familiares se tornan confusas, rígidas e injustas para sus miembros y se distorsionan sus roles conforme avanza la enfermedad. En una familia disfuncional los niños van formando un carácter co-dependiente, que puede facilitar el desarrollo de adicciones o de relaciones enfermas en el futuro.
Existe otro factor clave para crear un matrimonio con éxito, o para reparar el que se ha deteriorado. También se relaciona con la comunicación, el intercambio de ideas entre dos personas. De hecho, la comunicación es la raíz del éxito matrimonial, a partir de la cual puede crecer una unión fuerte. La falta de comunicación es la roca donde el barco puede estrellar su quilla. En primer lugar, los hombres y las mujeres no se fijan muy bien “con quien se casan”. Cuando se carece de entrenamiento básico sobre la neurosis, la psicosis o la manera de juzgar una buena cocinera o un buen trabajador, lo único que nos guía en la elección de pareja es eso que llamamos amor, algo lleno de trampas y traiciones y no muy fácil de identificar. Sería esperar demasiado, que una sociedad que apenas supera el nivel de las hormigas, fuera totalmente práctica en relación a una institución tan poco práctica como es el matrimonio. En la deficiente comunicación que practican, cuando no se le reconoce al otro sus propios valores y no buscar los momentos oportunos para decirse las cosas y en lugar de una comunicación respetuosa, abierta y transparente, se presentan las agresiones de doble vía, se acaba la paz del hogar y también la comunicación que quedaba. Entonces las relaciones familiares se deterioran al no saber decirse las cosas con amor y comprensión, al no saber el uno interpretar lo que el otro le quiere decir, al tratar de cambiar al otro a como dé lugar para hacer realidad las expectativas que llevaban al matrimonio, al asumir actitudes defensivas cuando se sienten atacados en su intimidad, al no sentirse aceptados por ser como son, y al no sentir el estímulo para asumir verdaderamente y con plena libertad la mejora personal. Surgen a veces reconciliaciones poco duraderas porque vuelven a caer en los mismos errores. Aparece la crítica sistemática y el lenguaje absoluto: "Tú NUNCA me ayudas, Tú SIEMPRE dejas la ropa tirada, Tú TODO me lo contradices". Y a esto se añade que ha desaparecido del lenguaje de los gestos el detalle amoroso, la caricia tierna., el susurro al oído para decirle al otro "te quiero y me haces falta".
Esto por lo general, cuando no conduce a una crisis total o a un rompimiento definitivo, puede acomodarlos en una falsa tolerancia nada saludable para la relación. Y decimos, nada saludable, porque lleva a que cada uno viva su vida en forma independiente, alejándose de la verdadera realidad de lo que es el matrimonio.
Cierran el uno al otro su corazón de tal manera que ni siquiera sacan unos minutos de su valioso tiempo para hablar de los dos. De sus inquietudes, de sus temores, de lo que cada uno lleva dentro de sí, ni siquiera de sus esperanzas e ilusiones. De todo lo que está afectando positiva o negativamente la relación de los dos.
La impotencia sexual masculina o disfunción eréctil es la incapacidad persistente para conseguir o mantener una erección que permita una relación sexual satisfactoria. Debe diferenciarse de otros problemas de la esfera sexual como son la falta de deseo, las alteraciones de la eyaculación (eyaculación prematura, eyaculación retrasada, ausencia de eyaculación) o los trastornos del orgasmo. La impotencia es una enfermedad muy frecuente que puede afectar las relaciones de quien la padece con su pareja, con la familia, así como con el entorno laboral y social. Existen una serie de factores de riesgo que pueden favorecer la impotencia: diabetes, hipertensión arterial, consumo de tabaco y alcohol, niveles altos de colesterol, toma de determinados fármacos y depresión.
Causas:
La impotencia puede ser causada por:
En cuanto a los problemas sexuales masculinos hay algunas formas y recetas para solucionarlos. Si se padece de impotencia, o si se tiene cada vez mayor dificultad en conseguir una erección, no se debe seguir forzando una solución, pues lo único que se conseguirá es obsesionarse y dificultar el proceso de curación.
La solución está en el lado opuesto. Cuanto más se obligue al pene a mantener una erección, menos posibilidades tendrá de que suceda. Si desde el principio el hombre tiene miedo de que su órgano lo traicione, la excitación sexual pasará a un segundo plano y la erección será muy difícil de conseguirse. Para ello no existen ni recetas milagrosas ni soluciones fantásticas, solo cabe aprender a relajarse y dejar que la naturaleza siga su curso.
Nunca debe pensar que su pareja espera de usted hazañas sexuales, por el contrario concéntrese en tocarse, jugar, hablar y darse placer mutuamente. No haga ningún esfuerzo particular por tener una erección. Utilice el tiempo necesario para que todo se de naturalmente.
Si la erección se produce y desaparece, no se precipite, porque la siguiente ya está en camino. Rápidamente usted podrá constatar que no tiene ninguna dificultad para sentir una nueva erección y que es muy enriquecedor y placentero el disfrutar con su pareja de los diferentes juegos sexuales sin que su orgasmo sea el objetivo esperado. No trate de forzar algo que se tiene que dar naturalmente, aunque si usted ha sido siempre impotente, necesitará la ayuda de un médico.
Si un hombre tiene una erección parcial, semirrígida, puede perfectamente penetrar a su pareja ayudándose de la mano, con la condición de que ella esté bien lubricada. En la mayoría de los casos después de haber penetrado a la mujer el hombre alcanzará rápidamente una erección completa.
Si habría que sacar una conclusión sobre la calidad sexual de una pareja, habría que decir que la paciencia y compañerismo en las relaciones casi siempre son una buena solución para poder disfrutar con mayor plenitud y menos problemas.
La eyaculación precoz describe una condición mediante la cual el hombre eyacula demasiado rápido y sin capacidad de control. Cuando la disfunción es severa, el hombre eyacula antes de que ocurra la estimulación directa sobre el pene, o bien cuando ésta es mínima.
Estudios científicos han demostrado que el hombre eyacula, como media, dos minutos después de la penetración. Obviamente existen variaciones. El criterio más importante para considerar una eyaculación como precoz, es que se produzca antes de que ambos miembros lo deseen y que este factor cause problemas en su relación sexual.
La eyaculación precoz es el problema sexual más común en los hombres. La mayoría sufrirá este trastorno en algún momento de sus vidas, sin que deba considerarse preocupante. Solo se convierte en un problema cuando ocurre en la mayoría de los encuentros sexuales. Estudios científicos han demostrado que hasta un 40% de los hombres sufren este tipo de trastorno con cierta frecuencia.
La eyaculación precoz puede aparecer a cualquier edad, pero es más común en los hombres jóvenes.
La eyaculación precoz persistente puede tener efectos muy negativos sobre la función sexual, tanto del hombre como de su pareja. A menudo el eyaculador precoz se queja de pérdida o disminución de la sensibilidad durante la eyaculación, lo que puede llevar a la pérdida de la erección y del deseo sexual.
Esto ocurre porque el hombre está tan preocupado intentando controlar su eyaculación que no logra disfrutar del encuentro sexual. Con frecuencia el hombre reduce el tiempo de juegos pre-coitales y como resultado, su pareja se siente poco estimulada.
El acto sexual puede también resultar doloroso a causa de la falta de lubricación de la pareja y este hecho puede aumentar la tensión existente y provocar la eyaculación incluso antes. La repercusión en la mujer se manifestaría en una disminución de su placer y en dificultad o incapacidad para alcanzar el orgasmo.
El resultado final es un círculo vicioso en el cual la frecuencia del acto sexual se ve reducida y se potencia la eyaculación cada vez más rápida.
Es muy raro que la eyaculación precoz esté causada por alteraciones físicas o enfermedades concretas, aunque estudios recientes encuentran bases fisiológicas para este trastorno, lo que permitirá un mayor conocimiento sobre sus mecanismos.
La mayor parte de los hombres experimentan eyaculaciones precoces durante sus primeras relaciones sexuales, en parte influidas por las circunstancias en las que se producen. El hombre aprende a controlar la rapidez de sus eyaculaciones a medida que aumenta su experiencia en las relaciones sexuales y que el entorno en el que se realizan le confiere una mayor seguridad.
Las principales causas de la incapacidad para controlar la eyaculación son la ansiedad, el sentimiento de culpa, y el miedo a no ser un buen amante. Todos estos sentimientos negativos se potencian con los sucesivos fallos en el control de la eyaculación, lo cual produce ansiedad y frustración adicional.
Por supuesto, cualquier comentario crítico de la pareja sobre esta alteración, aun no malintencionada puede empeorar enormemente el problema.
La mayor parte de los hombres superan la eyaculación precoz por sí mismos, pero algunos requieren la ayuda de un especialista. En primer lugar, el hombre debe siempre discutir el problema con su pareja.
Algunos hombres encuentran posible el retraso en sus eyaculaciones al aumentar la frecuencia de las mismas, por ejemplo, mediante la masturbación. También se pueden realizar ejercicios simples para ganar control. Estos consisten en la estimulación del pene (bien por uno mismo o por su pareja) durante un tiempo y el cese de la misma justo antes de la eyaculación.
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